La idea de construir una infraestructura aeroportuaria en el interior del país para desarrollar los polos de turismo que hay en las playas, ha sido un anhelo de las comunidades adyacentes o en sus alrededores. Seguramente será un estímulo importante para crear nueva mano de obra calificada y, especialmente, para atraer inversiones, tan necesarias para las zonas deprimidas económicamente.
De forma paralela, el Gobierno debe proponerse desarrollar políticas de Estado para que nuestra juventud pueda aprovechar las oportunidades que se abren con el desarrollo de estas inversiones. No basta con hacer esfuerzos aislados, se requiere de un plan maestro con metas y objetivos perfectamente definidos, que nos permitan consolidarnos no solo como un país de paso –que ya lo somos–, sino como un destino turístico de clase mundial. Y Panamá, con un incalculable potencial, indudablemente labra su propio destino al decidir cómo, cuándo y dónde lleva a cabo estos proyectos, y lo elogiable es que ha apostado también por el futuro de las comunidades interioranas.
