Nuevamente el país sufre profusas convulsiones sociales gracias a las iniciativas legislativas y promesas no cumplidas del gobierno. La nueva legislación minera fue aprobada por la aplanadora oficial en la Asamblea Nacional, arrasando a su paso toda opinión desfavorable o crítica del proyecto de ley. Ahora, tal como ocurrió hace menos de un año en Changuinola, la nueva ley minera sigue generando rechazo. Las protestas se han extendido hasta el interior del país, donde es inusual el cierre de calles y carreteras.
Hasta los jubilados se han sumado a las protestas, tras la irracional promesa de Martinelli de aumentarles –y no cumplir– el monto de sus pensiones. Tal parece que nada aprendieron los funcionarios de sus errores pasados. Su sordera y ceguera son propias del que se cree poseedor de la verdad absoluta. ¿Cuándo entenderán los políticos que los ciudadanos no somos simples votos; que nos deben respeto y que no pueden seguir haciendo lo que les parece sin esperar consecuencias?
