El mejor equilibrio en cualquier sistema democrático está directamente ligado a la calidad de los actores, tanto de oposición como de gobierno. Pero nuestra maltrecha democracia languidece. Hoy, como opositores, hacen lo mismo que criticaron cuando ostentaban el poder. El mayor partido de oposición está llamado a reorganizarse, y a hacerlo pronto.
Basta ya de la arenga trillada y del cínico canto de dirigentes que acusan al mandatario actual de “soborno y chantaje”, como si los panameños fuéramos tan torpes para olvidar su “pedigrí”. Basta también de seguir utilizando el partido como madriguera, quienes tienen verdaderamente cuentas que saldar con la justicia. El país clama por una nueva generación de actores, con la esperanza de que la clase política panameña sea redimida por un nuevo compromiso de integridad y tolerancia.
Demandamos un partido de oposición renovado y con suficiente credibilidad como para servir de contrapeso ante las interminables arbitrariedades de un Ejecutivo glotón, y el bochornoso aldeanismo en el que hemos quedado sumidos.
