La huida final del tirano Mubarak deja grandes lecciones al mundo. Por supuesto que muchos temen al caos y a la inestabilidad que podrán sobrevenir, pero una alfombra mágica ha sido tendida en el Medio Oriente a los pies de la libertad por una nueva generación de ciudadanos.
Ha sido un movimiento de masas –un enorme cuerpo que no necesitó de líderes acartonados– hastiado de las persecuciones y de la corrupción, cuyo “hasta aquí” ha rugido desde El Cairo hasta cada rincón del planeta.
Que se miren en ese espejo el resto de los sátrapas de la región –y los aprendices de tiranos que cada día tenemos más cerca–, que los pueblos calmos y pacíficos se rebelan –por más crecimiento económico que haya–, se hartan de las injusticias, se alzan ante la corrupción y no admiten las imposiciones, las persecuciones ni los caprichos de palacio. Y ojo, estos movimientos ocurren cuando menos se lo esperan y por la razón más inesperada.
