El Gobierno viene desarrollando esfuerzos para combatir el narcotráfico, para lo cual ha puesto en marcha una estrategia que incluye la construcción de bases aeronavales en territorio insular, así como en tierra firme. Todos pensábamos que era una iniciativa enteramente panameña.
Ahora resulta que es un proyecto conjunto entre Panamá y Estados Unidos. ¿Cuándo sería informada la sociedad panameña de todo esto? Que desde Tocumen salen vuelos de espionaje no tripulados; que en Panamá aún se llevan a cabo investigaciones tropicales similares a las que hacían los militares estadounidenses, pero a través de empresas privadas; que el Ejército de Estados Unidos puede recabar información de inteligencia mediante programas de ayuda social. ¿Todo esto es, acaso, parte de un programa secreto? Y si no lo es, ¿para qué ocultarlo? Esto no hace más que crear dudas, sospechas y suspicacias.
El Gobierno nos debe ahora más explicaciones. Debe decirnos cuál es exactamente el alcance de las misiones, de los acuerdos, de las investigaciones, cuánto nos cuesta todo este asunto, y muchas otras preguntas derivadas de estos programas secretos.
