Tres gobiernos, incluyendo el actual, han estado haciendo todo lo posible para que el Tratado de Promoción Comercial (TPC) fuera ratificado por el Congreso de Estados Unidos. Esta iniciativa ha incluido enérgicos esfuerzos de embajadores, cancilleres y otros ministros, así como el gasto –o inversión– de millones de dólares en firmas especialistas en cabildeo para promover la ratificación del tratado.
El propio presidente Martinelli viajó a Estados Unidos el mes pasado para impulsar la iniciativa y hasta solicitó reunirse con el presidente Barack Obama para conversar sobre la ratificación del tratado. Pocas semanas después de este viaje, el presidente Martinelli declara cándidamente ayer en Davos que Panamá “no tiene ningún apuro” en que el TPC sea ratificado. Si no hay tal apuro, ¿por qué se ha gastado tanto dinero de nuestros impuestos en darle impulso? ¿Por qué tanto esfuerzo, viajes, citas y cabildeo, si el TPC le conviene más a Estados Unidos que a Panamá? ¿Puede explicarnos el Gobierno para qué tanto afán?