Las perspectivas económicas para el año en curso se presentan prometedoras. La empresa privada, junto con los megaproyectos del Gobierno, dará impulso al crecimiento y desarrollo del país. Así lo pronostican los expertos y líderes de empresas e industrias que marcan el paso de este progreso económico, que se traduce en un crecimiento de la riqueza. Lo irónico es que con tanto dinero circulando en el país, la brecha entre pobres y ricos se mantiene.
Y todo se debe al hecho de que la educación –esa herramienta sin la cual el desarrollo de una nación es imposible– es tan pobre, que muchas empresas están desarrollando sus propios centros de capacitación para poder hacer frente a la demanda de empleos que tal cantidad de negocios en expansión exige. Miles de jóvenes están desperdiciando sus mejores años en escuelas de las que salen prácticamente analfabetos. Urge que la sociedad y el Gobierno –incluso los partidos de oposición– hagan una tregua para atender y resolver este serio problema o sencillamente perderemos miserablemente esta oportunidad de oro. No es hora de mezquindades políticas o personales. En esto estamos todos.
