Los hechos ocurridos en el Centro de Cumplimiento de Tocumen son un reflejo del deficiente sistema penitenciario y de la falta de control que sobre la población carcelaria tienen las autoridades. Lejos de ser centros de rehabilitación -en donde se prepara para la reinserción social de aquellos jóvenes que han cometido delitos- son unas verdaderas escuelas del crimen.
La evidente falta de humanidad de aquellos que tienen a su cargo la custodia de los reos complica más la situación. Luego del confuso incidente del domingo pasado, la vida de siete muchachos está en grave peligro, precisamente, debido a estas deficiencias.
Ante la poca claridad de los hechos, las víctimas, sus familiares y la sociedad en general se merecen explicaciones de lo que acontece en esas paredes y, además, las autoridades deben realizar una investigación exhaustiva y transparente. Que se den a conocer los hechos tal cual sucedieron. Los culpables -sea quien sea- deben recibir un castigo ejemplar. El costo de hacer cumplir la ley, mantener el orden y la disciplina en los diferentes centros de cumplimiento y cárceles del país no debe ni jamás puede ser la vida humana.
