La zalamería del Órgano Legislativo raya en la ignominia. Proponer un proyecto para castigar con la cárcel al que se atreva a “irrespetar” al Presidente, es volver al oscurantismo. Tal pretensión es un absurdo propio más de monarcas que de estadistas, en especial de alguien de Cambio Democrático, pues parece olvidar el diputado proponente que en la pasada campaña, el propio Martinelli comparó a su hoy vicepresidente Juan Carlos Varela con un semoviente. Pero más allá de ese irrespeto, los que abanican esta iniciativa –entre ellos el Presidente– deberían recordar que los insultados somos nosotros los electores, que sufrimos la carencia de agua, de una justicia imparcial, que podemos ser víctimas de espionaje telefónico o que la basura nos ahoga. Incluso nos irrespetan con decisiones irreflexivas como esta, de castigar con cárcel a los críticos. Con el poder acumulado por el Presidente, una ley de este talante solo servirá para seguir encumbrando la arbitrariedad, pues basta que un funcionario de elección popular apunte su dedo acusador para encarcelar al “atrevido”. La democracia se basa en la tolerancia, pero este gobierno demuestra una intransigencia que sería la envidia de una dictadura.
Hoy por Hoy 2011/01/07
07 ene 2011 - 05:00 AM