Una fiscal fue destituida por su jefa aduciendo faltas a la ética en el ejercicio de sus funciones, según se desprende de un boletín oficial dado a conocer por el Ministerio Público. Argentina Barrera se convertía así en la octava fiscal destituida por la procuradora, Ana Matilde Gómez, como resultado de las auditorías internas que llevaba a cabo. La noticia de trascendencia fue cubierta por el resto de los medios de comunicación.
La Prensa, en busca del balance noticioso, adicionó a la versión oficial las declaraciones completas de la fiscal destituida, donde mantenía su inocencia y anunciaba que apelaría la sanción impuesta. Pero es que en el Macondo nuestro, los medios están supuestos a “no informar” so pena de salir arruinados. La juez Miriam Cheng de Aguilar, inmersa en una verborrea procesal de antología cita a cuanto procesalista encontró, amén del resto de libros académicos que acumulan polvo y atesoran conocimiento en el librero del cual copió extensamente, pero por el lado equivocado, sin entender que un medio cubre hechos que constituyen noticias, y sin reparar en las consecuencias demoledoras que su decisión impone al derecho a la información. La destitución de una fiscal –justa o injusta– es noticia, tanto en Macondo como en las novelas rosa y en las tragicomedias televisivas que nos abruman.
