Los diputados, ahora que terminan este período de sesiones, han decidido dejar el pleno legislativo dando un portazo. El proceso Cemis, en lo que concierne a ellos, es caso cerrado. Pudieron haber iniciado una investigación, al menos para guardar las apariencias. Ni siquiera eso.
¿Dónde quedaron las gravísimas acusaciones hechas por Balbina Herrera sobre pagos millonarios a sus colegas de bancada? ¿Y las sombras arrojadas por las declaraciones en boca de uno de los magistrados? ¿Y el pacto MaMi? Todo brotó de las entrañas del mismo organismo que no quiere ni acercarse a los expedientes, y mucho menos mostrar el mínimo arrojo que demandaría exigir testimonios públicos a los implicados.
Tenue esperanza (pero esperanza al fin) de que el anverso de lo que ha sido el mayor escándalo de corrupción de la era republicana, sea atendido por la Corte Suprema de Justicia, como la justicia precisamente demanda y no como la opereta barata que nos han montado los diputados.
