Las consultas populares que el presidente Martinelli pretende aprobar en la Asamblea Nacional en sesiones extraordinarias más bien parecen un capricho que una iniciativa seria. Los panameños no tenemos claro qué busca el gobierno con gastarse cerca de 10 millones cada vez que se convoque a una. Los plebiscitos –que son una expresión de esas consultas populares– tienen efectos vinculares, es decir, sus resultados son de obligatorio cumplimiento. Y aunque la sociedad puede decidir asuntos trascendentales en ellos –como fue el caso de la ampliación del Canal–, tradicionalmente es baja la participación ciudadana. Si este instrumento –la consulta popular– no tiene efectos vinculantes y se hará cada vez que el Ejecutivo tenga una duda sobre una de sus genialidades, es muy posible que sufra un desgaste por uso. El resultado será un gasto millonario para conocer la opinión de unos pocos, precisamente porque cualquiera que sea el resultado, las autoridades no están obligadas a cumplirlo. ¿Qué incentivo tiene el ciudadano para acudir a las urnas, si al final el Ejecutivo –al margen de lo que decida la gente– hará lo que le venga en gana?
Hoy por Hoy 2010/04/30
30 abr 2010 - 05:00 AM