Los diputados de la Asamblea Nacional tradicionalmente han adoptado una postura sumisa ante los antojos y apetitos del Ejecutivo. En contadas ocasiones, los que pertenecen al oficialismo expresan su oposición con frías abstenciones, como para luego justificarse alegando que su voto no fue en contra.Es un triste y lastimero papel el que asumen, pues se comportan voluntariamente como peones y “tontos útiles” cuyas voluntades son manipuladas desde las entrañas del Palacio de las Garzas.
En cambio, cuando quieren ejercer su derecho a legislar, en muchas ocasiones lo desperdician en proyectos de ley insulsos y baladíes. Panamá recorre ahora sendas de desarrollo que suponen una sociedad más compleja y que requiere de leyes sofisticadas, capaces de proteger los intereses de los individuos. La Asamblea necesita urgentemente recuperar su independencia, no solo porque la Constitución así lo estipula, sino porque el país lo necesita. Cada día es más evidente que el Órgano Ejecutivo actúa como si los otros dos no existieran. Pero, ¿cuándo es que darán señales de vida?
