Corren tiempos difíciles para la libertad de expresión, la disidencia, la crítica, el debate lúcido y razonado. Desde el Palacio de las Garzas hasta la Universidad de Panamá destacan los ejemplos de intolerancia a la crítica y al debate. Los lamentables ataques arteros a dirigentes de la sociedad civil o a comentaristas, por parte de representantes del Ejecutivo, abren un peligroso trillo que pensábamos cerrado para siempre.
Resulta una gran paradoja, por ejemplo, que en nuestro más importante centro universitario, donde debería prevalecer el choque de las ideas, la tolerancia, la absoluta libertad para disentir y enfrentar con las ideas a los diferentes estamentos administrativos, estos se dediquen a avasallar e intimidar a los docentes que intentan poner coto al abuso del poder ejercido desde la Rectoría por más de una década.
Igualmente impresentable es que los órganos de gobierno universitario dediquen recursos a atacar a los medios de comunicación que se proponen llevar aire fresco a la Universidad de Panamá. Hoy es el Panamá América, Juan Carlos Tapia o los líderes de la sociedad civil. ¿Quién sigue?
