La semana pasada concluyó con el sorpresivo anuncio de que el Gobierno negocia rescatar las concesiones dadas a Pycsa e ICA por los corredores Norte y Sur. Una franca discusión debe servirse sobre la mesa ante la audaz propuesta.
En esta hora en que los panameños hemos caído en cuenta del leonino contrato legado por anteriores administraciones (y que no estaría de más escuchar de boca de los ministros de entonces, Luis Blanco y Guillermo Chapman, así como del ex presidente Pérez Balladares, cómo y por qué quedamos inmersos en lo que ha resultado ser tan mal negocio), puede suceder que la cura resulte peor que la enfermedad.
¿Los 555 millones que tendrá que desembolsar el Estado –sin contar las deudas que aún se negocian– por el rescate, es la mejor inversión posible? Tomando en cuenta el comprobado desdén patrio por el mantenimiento de nuestra red vial, ¿deben pasar a manos estatales anticipadamente los corredores que, mal que bien, superan la calidad del resto de nuestras autopistas? ¿Entiende el Gobierno que una vez que el Estado controle las vías, habrá una presión política constante por disminuir o eliminar el cobro del peaje?
