La compra de los corredores Norte y Sur se une a los megaproyectos que se propone llevar adelante este gobierno. Se trata de un agresivo y costoso plan de inversiones cuyo valor se cuenta en centenares de millones. Además de esta compra, hay que incluir la construcción del Metro y de varios hospitales y carreteras en el interior del país. Solo en estos proyectos la inversión anda por los 2 mil 500 millones de dólares.
Y, aunque son obras necesarias, los montos de inversión son elevados. La administración de estos fondos requiere prudencia y eficiencia, pues nuestro historial en el manejo de contratos de inversión es más que malo. De hecho, estamos comprando los contratos de los corredores, precisamente, porque eran leoninos y, pese a que en su momento se advirtió de ello a los gobernantes, estos hicieron alarde de su sordera y falta de visión.
Y el gobierno actual procede igual, como si padeciera los mismos males. Si no, cómo se explica que el Presidente esté dispuesto a modificar leyes para ajustarlas a la medida de empresas que quieren invertir en una de las industrias más peligrosas y contaminantes del planeta: la minería. ¿Será que otro gobierno deberá corregir los entuertos de este, porque le ha dado la gana de ser sordo y ciego?