Mientras los panameños aplauden la labor que está llevando a cabo Ricardo Martinelli –incluso aceptando la “forma” como hace las cosas– es importante que la sociedad se mantenga vigilante en la custodia de principios fundamentales cuyo irrespeto podríamos luego lamentar.
Detrás del voto de confianza reflejado en la encuesta, va el mensaje de que los panameños lamentamos la injerencia que tuvo el mandatario en la remoción de la Procuradora, la misma a la que se le está negando injustamente el derecho a recurrir a foros internacionales a presentar su causa.
Bien sea que se trate de una mayoría convencida de la buena gestión presidencial, ilusionada con sus promesas de cambio o persuadida por la propaganda, nos toca recordarles a quienes ostentan el gobierno que todo poder, en democracia, tiene límites y contrapesos indispensables, y que se debe respetar el sano derecho a disentir de manera pacífica dentro de nuestra sociedad. Que la popularidad –tan efímera como la alegría– sirva de reto para cumplir las promesas que cautivaron a los electores y no se descarrile hacia el torpe endiosamiento.
