La obesidad no es solo una preocupación por la estética, se ha convertido en un problema de salud y más allá, en un tema de Estado. El hecho de que el Gobierno Nacional invierta al año más de 100 millones de dólares en atender a miles de panameños que sufren de enfermedades relacionadas con esta patología indica que la población no es consciente de que está en sus manos prevenir la mayoría de estas enfermedades.
Aunque el Estado realice campañas masivas para tratar de fomentar el consumo de comestibles más sanos, como frutas y verduras, sin una verdadera política alimentaria eficiente que permita a los panameños de escasos recursos obtener estos productos a precios bajos, combatir este flagelo resulta una iniciativa casi condenada al fracaso.
Es imperante que la iniciativa comience por las escuelas, donde bien podría enfatizarse sobre las propiedades de estos alimentos e, incluso, regular las ventas de comida en comedores y quioscos escolares. Es necesario que nuestros niños aprendan, desde temprana edad, el daño que puede ocasionar a sus cuerpos una alimentación desbalanceada. Trabajar en la prevención y no en la cura de estas enfermedades es una tarea de todos.
