La propuesta de reforma tributaria presentada por el gobierno, ha propiciado un debate saludable para la democracia. Independientemente de la aceptación o rechazo del aumento al Impuesto de Transferencia a los Bienes Muebles y Servicios (ITBMS), al menos la administración ha dado tiempo y espacio para el debate, sin los “madrugonazos” de antaño.
Los gremios, los obreros y empresarios, así como la clase media, han presentado argumentos genuinos que han enriquecido una discusión que hace rato estaba pendiente en materia impositiva. La carga fiscal tiene que ser más equitativa y debe garantizarse una justicia tributaria imparcial pero que sea implacable ante la evasión.
Igualmente, demandamos que los cambios aporten mayor transparencia en el uso de los recursos públicos, y el cese de contrataciones directas infundadas. Por supuesto, no ha faltado la barata demagogia de los oportunistas que hoy critican lo mismo que hicieron cuando gobernaban, buscando como siempre desviar la discusión. Al final, de prosperar la reforma, el Estado terminará absorbiendo nuevos ingresos que deberán invertirse en el desarrollo del país, y no en engordar la insostenible burocracia ni el desproporcionado tamaño del gobierno.