No existe ninguna duda de que el país necesita una nueva Constitución. La vigente es un vestigio de la dictadura militar. Pero ante todo, el país enfrenta nuevos retos que hacen obsoleta en muchos aspectos nuestra Carta Magna. Pero esas reformas que definirán nuestro futuro no pueden ser el producto de una ocurrencia trasnochada o de una improvisada conversación de café.
Tal parece que el Gobierno ha dado inicio a este proyecto, pero al revés, pues el último paso es la consulta nacional. Antes, hay pasos que se deben recorrer con cuidado, los cuales necesariamente pasan por la planificación, la discusión, el consenso.Lo único que parece algo claro hasta ahora –aunque no es convincente– es que el gobernante de turno afirma que no pretende la reelección presidencial inmediata.
Es muy preocupante que el Gobierno hable de consultas populares sin que los ciudadanos conozcamos la agenda. Antes de hablar de ellas, esta administración debería dar mayores detalles sobre los cambios que busca y sus objetivos. Lo demás es fruto de la improvisación que ya caracteriza a esta administración.
