Toda apuesta por el país está basada en la educación de sus hijos. Y hasta ahora, estamos perdiendo la mano con la educación oficial. Mientras la enseñanza privada se mantiene a la vanguardia mundial, el derroche de recursos en el ámbito público ha sido lamentable, casi tan destructivo como las generaciones de jóvenes que han perdido oportunidades valiosas a causa de un sistema obsoleto e inoperante. La ministra Molinar ha empeñado su carrera por transformar el alicaído proceso educativo y merece la oportunidad de ejecutar los primeros cambios.
La transformación curricular tiene tanto sentido, como su propuesta de estimular una cultura de mantenimiento de las escuelas para no estar, todos los años, con el mismo lamento. ¡Basta ya de la mediocridad y el chantaje de una dirigencia docente que deja tan mal parados a los miles de educadores abnegados que a diario forman a nuestros hijos y reclaman mejoras de fondo! Solamente una educación que marche al paso de los avances de la sociedad nos devolverá bachilleres bien formados y competitivos, y es lo que nos dará a todos los panameños iguales condiciones de forjar un país más justo y desarrollado.
