A la dirección de la Caja de Seguro Social (CSS) ha llegado un administrador competente y comprometido. Guillermo Sáez-Llorens es un ejecutivo exitoso que aceptó el enorme reto de enderezar la institución más grande e importante del país, y una de las más torcidas. Su mensaje ha sido claro y consistente desde el primer día: la prioridad es la atención de los miles de asegurados que penan por sus pasillos en busca de atención médica, pero terminan dejando la vida en las interminables citas canceladas y operaciones pospuestas.
Los recursos con los que cuenta la CSS son formidables, pero igual de grandiosa es la burocracia, el despilfarro y la incapacidad que ha dejado la política y el clientelismo. Como administrador responsable y sin filiación partidaria, Sáez-Llorens se enfrenta a una maraña de intereses creados y padrinazgos, listos a entorpecer cualquier iniciativa que pretenda cambiar el fracasado modelo vigente. A patronos y empleados, por igual, nos toca estar vigilantes para que las motivaciones detrás del debate sean transparentes, y para que se den cambios efectivos a favor de los asegurados de este país.
