“El respeto de los mecanismos, más que mero ritualismo, es garantía de las reglas fundamentales de la democracia participativa”. Así, la Corte Constitucional colombiana declaró inexequible la ley de referéndum reeleccionista del presidente Uribe, luego de haber encontrado irregularidades en el proceso legislativo y en la recolección de firmas.
Colombia celebra un triunfo de la institucionalidad en brazos de jueces que han probado independencia y valentía. Y que no se confundan los logros de Álvaro Uribe -respaldado por una ciudadanía que abrumadoramente le ha reconocido sus méritos- con el respeto a los principios básicos de la democracia, de la separación de poderes y la no perpetuación.
Al admirar la integridad de magistrados que han sabido salvar su Constitución en una sentencia demoledora contra un presidente carismático y extremadamente popular, en control del Congreso que igualmente se plegó a sus deseos, no nos queda más que esconder nuestra vergüenza ante el sometimiento y servilismo de nuestra Corte Suprema de Justicia. La incoherencia de sus decisiones solo halla lógica al entender que buscan complacer los caprichos del mandatario de turno. ¡Pobre justicia istmeña!
