Con profunda amargura, los panameños una vez más tendremos que soportar las arbitrariedades de esos que dicen representarnos en la Asamblea Nacional. Esta semana, la mayoría de los diputados de la Comisión de Gobierno de la Asamblea echó por tierra una vieja aspiración de los ciudadanos: conocer la declaración jurada de los bienes patrimoniales de todos los funcionarios obligados a presentarla. Este instrumento sirve de referencia para saber si un servidor público se ha enriquecido durante el tiempo que sirvió al Estado.
Pero, en vez de transparencia, los diputados han decidido ocultar –tal como lo ha venido haciendo hasta ahora la Corte Suprema de Justicia– esta información, con lo cual desnaturalizan el espíritu de este instrumento. Si los diputados quieren echarle siete llaves a la declaración de bienes, es un absurdo que los funcionarios la sigan presentando. Todo esto nos lleva a concluir que los políticos tienen mucho que esconder y que nosotros –los ciudadanos– no somos más que simples peones para alcanzar un puesto. Luego se preguntan por qué la clase política es tan criticada. ¿Qué persona honesta quiere pertenecer a esta clase?
