Décadas de abandono –gubernamental y ciudadana– han hecho que la capital del país haya ido perdiendo, uno a uno, sus señas de identidad, sus íconos históricos. Ahora, frente a la inobjetable propuesta de rescatar del abandono al barrio de Curundú, se nos habla de que los planes del Ministerio de Vivienda incluyen la renovación del centro histórico y su arrabal. Nada que objetar, salvo que, como en toda actividad compleja como la ahora propuesta, la consulta, la planificación y la organización son fundamentales.
Y, por lo visto, el proceso ya iniciado con el inventario de casas condenadas y lotes disponibles, no ha incluido un aspecto fundamental: el respeto a la historia. A pesar de la existencia de leyes hechas para proteger el Conjunto Monumental del Casco Antiguo, desarrollistas inescrupulosos y funcionarios negligentes han permitido la destrucción de parte del patrimonio de todos los panameños. Por ello, es imprescindible que el ministro de Vivienda, Carlos Duboy, haga un alto en sus planes de renovación citadina, para que esta se haga bien. Respetando nuestra historia y nuestra identidad.
