La coordinación entre las distintas entidades gubernamentales es prioritaria para lograr una administración eficaz, en la que el uso de la cosa pública sea siempre transparente y resulte en beneficio de todos los panameños. Lo demostrado con la organización de las fiestas del Carnaval en la ciudad capital, dista mucho de ese ideal.
Tras la decisión del Gobierno de no participar directamente en la organización de las fiestas y de no designar oficialmente una Junta de Carnaval, se ha desencadenado una serie de mal entendidos y disconformidades en la ciudadanía.
Por si fuera poco, en medio del jolgorio la junta ‘no oficial’ del Carnaval y el administrador de la Autoridad de Turismo siguen sin ponerse de acuerdo en los detalles de la festividad, y se atacan entre sí cual reinas de Carnaval. La población tiene derecho a su asueto, pero debe celebrar con responsabilidad y respeto, y esto incluye también a las autoridades, a quienes debemos exigir incesantemente que sean ejemplo de valores éticos y morales para la sociedad panameña.
