La transparencia en la administración de fondos públicos ha sido una imperdonable falencia de cuanto gobierno se instala en el Palacio de las Garzas. Y este, que apenas se estrenó hace unos meses, ya copia los viejos y retorcidos modelos de las pasadas administraciones.
El gasto destinado a la publicidad, aunque parece bajo respecto a años anteriores, es manejado por los funcionarios bajo el cálculo de qué tanto daño puede hacer al gobierno su divulgación. Y entonces nos enfrentamos a una caja fuerte que esconde información pública, y cuya llave alguien ha extraviado deliberadamente para evitar enfrentamientos con la opinión pública.
Si somos nosotros los que aportamos el dinero al gobierno, que es el que hace estos gastos, lógico es que los servidores públicos deben atender las explicaciones que cualquier panameño solicite sobre este y otros temas de la administración pública. Con un buen manejo de esos fondos no debería haber algo que esconder. Pero mantener la información fuera del escrutinio ciudadano solo genera justificadas sospechas.
