Como si no tuviéramos suficientes inversionistas inescrupulosos locales (que han irrespetado todas las normas de conservación histórica en el Casco Antiguo), ahora se le suman unos extranjeros que han hecho del hotel Central añicos, desconociendo lo que significa “restaurar”, destruyendo la que fue una de las auténticas joyas arquitectónicas de nuestro pasado en la Plaza Central.
Demolieron sus interiores, patios y escaleras –declarados de grado de conservación–, han dejado derrumbar sus fachadas, le están adicionando altura y encima han presentado una nueva fachada, tan falsa que si la hubieran propuesto para la Plaza Mayor de Madrid, quizá ya estarían en el calabozo. El daño ha sido irreversible y desalmado.
¿Dónde están las autoridades? En el propio San Felipe, media docena de oficinas supuestamente para proteger nuestro patrimonio histórico, ciegas, sordas y mudas. No importa si al frente del Inac esté un literato, una bailarina o un semianalfabeto, el resultado ha sido el mismo porque todos –entretenidos entre tanto desfile de moda, baile de gala y venduta de esquina– no entienden que es la preservación de la autenticidad del barrio su misión principal y razón de ser. ¡Cuánta incapacidad!
