La mayoría de los diputados, al patrocinar las acciones desmedidas del Presidente, no alcanzan a imaginar el daño que causan con sus complacencias. Lejos de pensar en ejercer un control que refleje un balance democrático en el ejercicio del poder por parte del Presidente, con su prevista abyecta actuación en la ratificación del Procurador suplente, la mayoría del pleno legislativo volverá a traicionar su mandato y compromiso con sus electores y ciudadanos del país. Luego del Carnaval, la misma mayoría no dudará en votar afirmativamente para aprobar la reforma tributaria que promueve el Ejecutivo.
Esto dará más dinero al Gobierno para llevar a cabo sus metas. No obstante, por su estilo, no auguramos que se avance en la disminución de la inequidad social. Para generar progreso se debe tener presente que no solo se requiere la mejora de la calidad de vida de todos los panameños, en especial de los pobres, sino que también es necesario un entendimiento de la democracia. Claro está, por sus actos, que este no es el objetivo del Presidente. Por ello, él, sus ministros y la mayoría de los diputados serán recordados como los mayores defraudadores de la fe y esperanza de los panameños.
