El presidente Martinelli ha marcado una pauta muy propia en la designación de cargos relacionados con los estamentos que controlan el poder; han sido tan polémicos como decepcionantes. El primer caso remite a la Contralora General de la Nación, cuya notoria y cuestionable cercanía con el Presidente, la descalificaba.
Sus actos confirmaron esa descalificación. El segundo ejemplo, la designación de los dos magistrados de la Corte cuyo período empezó este año. Ambos designados compartían conocida y conveniente cercanía con Martinelli y, a la fecha, el país –cual novia abandonada en vísperas de boda– espera escuchar las razones de dichos nombramientos.
En la chapucera actuación de la designación del suplente de la Procuradora, quedó retratado el gobierno. La improvisación, el desconocimiento de la institucionalidad y la vacuidad de los candidatos representan el irrespeto del Presidente y sus acólitos por las cosas de Estado. Tras todo esto, malos presagios se ciernen sobre las futuras designaciones en la directiva del Canal. Todo apunta a que los nombrados no serán mejores que los designados por los gobiernos anteriores. La promesa de cambio solo fue el instrumento del que se aprovechó el actual Presidente para engatusar a sus electores.
