Los economistas gritan que nos irá bien en 2010. Las IFI nos señalan como un país cuyo crecimiento será envidiado por otros. En la intimidad que dan las fronteras hacia dentro y las verdades rompecorazones, tanto optimismo se muere. Esas bienaventuranzas las quiere matar quien dice defenderlas. La brisa, así sea de verano, no parece traer buenos tiempos. Si hubo temor de que la nueva Corte complaciera al Ejecutivo en despedir a la Procuradora, estos se disiparon.
De darnos la infausta noticia se encargó el viceministro Ricardo Quijano, pero ya la confirmaron el ministro de la Presidencia y la de Trabajo; los tres públicos seguidores del Presidente. Todos, magistrados y ministros, olvidan el costo que pagamos por la democracia. ¿Qué puede explicar esta conducta? Un palpable desconocimiento de la verdad panameña. No nos merecemos ni queremos una dependencia de poderes; ello es antesala de dictadura, no importa si es de derecha o izquierda, es mala en términos absolutos. Si el Ejecutivo quiere demostrar que le interesan las mayorías, una forma de hacerlo es respetar la Constitución, a pesar de que su guardiana no lo hace.
