El Fondo de Inversión Social (FIS) ha probado ser una institución que únicamente cumple fines políticos, aunque diputados y presidentes insistan en justificarlo. Todos los proyectos que lleva a cabo el FIS se pueden realizar a través de las instancias ya existentes.
Pero su presencia es tan conveniente para el Ejecutivo –que se garantiza el control del Legislativo– como lo es para los diputados, quienes obtienen del FIS el dinero que haría posible su reelección, a través de obras, becas, donaciones y cuanta maniobra electoral les permita hacer el dinero que pertenece a los panameños.
Es necesario que el Presidente, que tanto criticó su existencia –precisamente por ser foco de corrupción–, le ponga un alto ya. Prolongar su funcionamiento es mantener un esquema viciado, un sistema hecho para devolver favores, para torcer brazos, para corromper. Cualquier diputado, por poco que conozca la Constitución, sabe que su función primordial es hacer leyes, no obras. Eso corresponde al Ejecutivo. Cerrar el FIS es lo que haría un verdadero estadista.
