El director del Fondo de Inversión Social (FIS) ofreció ayer declaraciones contradictorias sobre la auditoría que él mismo contrató, y que descubrió serias irregularidades en el manejo de fondos y proyectos por parte de diputados y ex legisladores. Por un lado, elogió el resultado de las investigaciones, pues, según sus propias palabras, “a raíz de esta consultoría salieron muchas cosas a relucir”, cosas como afectaciones al Tesoro Nacional por un monto de 27 millones de dólares, y fondos incobrables por 4 millones más.
Pero a la hora de tocar los hallazgos en el manejo de proyectos del FIS por parte de diputados y legisladores –en los que se presume hay unos 12 millones en afectaciones–, el funcionario cambió radicalmente su versión. Entonces el mismo informe, como por arte de magia, lo convirtió en un “paquín”, solo porque los auditores hallaron hechos perturbadores que lo pusieron a él en una situación embarazosa frente a los diputados oficialistas. Su doble discurso solo ha profundizado las sospechas. Si con ello pretendía aclarar todo, puede que lo haya logrado con sus amigos diputados, pero su credibilidad quedó hecha pedazos frente a los ciudadanos.
