En 2006, el Gobierno ordenó que todos los taxis que circularan en el territorio nacional debían estar pintados de amarillo. En ese entonces, las autoridades le concedieron al transporte selectivo poco más de un año para que pintara los vehículos.
El plazo no solo venció, sino que se otorgaron tres prórrogas más. Evidentemente, el pulseo lo perdió la Autoridad de Tránsito, que hasta ahora había sido más que indulgente ante el claro desafío de la mitad de los taxistas que circulan en Panamá, y que llevan años burlándose de ella.
Los actuales titulares del Tránsito deben ahora ser implacables en la aplicación de la norma o, de lo contrario, seguirán siendo los títeres de estos irresponsables. Ni más prórrogas ni más perdón para estos insensatos.
Tiempo han tenido de sobra para cumplir, pero han preferido apostar otra vez a ellos –seguros de que una vez más ganarán– en su acostumbrado reto a la autoridad. Pues que sepan de una buena vez que ellos no están por encima de ley, y que el taxi que circule sin el color amarillo, será sacado de circulación sin ninguna contemplación.