El año y la década concluyen hoy, coincidiendo con la culminación de la carrera judicial de dos funcionarios de excepción. Aun dentro de esta agonizante administración de justicia, hay quienes dan la cara por adecentar este país. El ejemplo que dejan Adán Arnulfo Arjona y Esmeralda Pazmiño de Troitiño no pueden pasar sin el debido homenaje. A de Troitiño –luego de una intachable carrera como juzgadora– el Ejecutivo la distinguió, y ella terminó distinguiendo con su actuación a la Corte. Y si bien su paso fue corto, sus fallos inmediatamente la diferenciaron de quien antes ocupaba su despacho, reivindicando la integridad y la sensatez.
La década dedicada por el magistrado Arjona a la magistratura no solo ratificó la solidez de su formación jurídica y conocida trayectoria en el foro nacional, sino que dictó cátedra de independencia en el cargo público. La patria le debe mucho, porque la integridad y la transparencia pierden a uno de sus mejores aliados. La mezquindad y la miopía del gobernante nos arrebataron el privilegio de su ratificación, porque ni la independencia ni la probidad estaban en la agenda. Para ambos juristas, y para todos aquellos que luchan calladamente por mejorar la administración de justicia, una ofrenda sonora de sus conciudadanos.
