Han sido las 24 horas más contradictorias de la justicia. Enormes expectativas por la búsqueda de quien iba a ser indagado por uno de los mayores y mejor documentados escándalos de corrupción del país.
Toda una pesquisa nacional que inspiró, por un lado, a esa mayoría harta de la impunidad, y por el otro a sus copartidarios del PRD que, cual viudas acongojadas, denunciaron el terrorismo judicial que acabará con esa democracia que ahora les resulta tan conveniente. El acorralado de ayer, ya en la noche pisaba alfombra roja, sin ser indagado y con un “estuve siempre en mi casa” que le dejó al fiscal una buena marca de incompetencia.
El desconcierto que reina hoy por igual entre quienes anhelamos que la justicia llame a responder a quienes se han enriquecido a su paso por el poder, como para quienes se regocijan por el desenlace de anoche, encontrarán en la cabeza del Ministerio Público el mismo acertijo. Esa es la institución que ha regentado Ana Matilde Gómez quien, detrás de tanta pose y jerga bonita, aspira a quedar bien con todo el mundo. Mientras a cada cual le recita lo que quiere oír, la justicia seguirá mejor vestida pero igual de huérfana.