El simulado recorrido dado al dinero ponzoñoso extraído de los jugadores terminó engrosando la chequera del ex mandatario y sus familiares. Ha tocado finalmente al Ministerio Público llamarlo a responder por una conducta tan ofensiva e infame que hasta el más ingenuo de los panameños llegó a creer posible la presunción de Pérez Balladares: intocable como los huéspedes del Olimpo.
Pero las alas eran de cera y se van derritiendo al calor de la verdad a la hora de rendir cuentas por los favores que se dispensó. Han sido millones abultando un patrimonio que de por sí no soporta un detenido examen, menos aun una auditoría. Por el caso de las salas de juego, las pruebas acumuladas en la Fiscalía son arrolla doras. El ex mandatario está siendo llamado a responder directamente por lo que hizo con el poder que detentó a su favor, no por sus decisiones políticas ni las de su partido, sino por los millones que pudieron reparar hospitales y terminaron pagando yates. Por cada cheque que firmó por esos safaris que le arrebatan al pueblo el pan y la esperanza en nuestra democracia y su clase política.
