El incremento de la delincuencia que experimentan los países centroamericanos, fija sus causas en la injusticia social y jurídica. Este razonamiento, de perfecta aplicación para Panamá, no descubre nada nuevo. Por el contrario, confirma lo que desde antaño sabemos: que la acumulación de ingresos y riqueza en manos de pocos, es la madre de los males sociales.
Revertir esto requiere de esfuerzos estatales integrales. Tiene que pensarse en mejorar la calidad de vida de todos y, de forma inmediata, de los sectores más vulnerables. Por tanto, la calidad y acceso a los servicios públicos de educación, salud, seguridad y justicia, deben ser las prioridades de todo gobierno. Pero esto en nuestro país no parece ser entendido así.
Dedicar para el próximo año fiscal un millonario presupuesto de publicidad estatal, es una concreta manifestación de que el gobierno tiene dos discursos: el mediático y el real. El primero, fijado en mantener altos los índices de popularidad, y el segundo, dedicado a engañar a la nación. No es cuestión de entendimiento, sino de actitud.