Nacido oficialmente el 20 de noviembre de 1960 –aunque en proceso de gestación desde 1956 con las llamadas Jornadas de Estudios Cristianos– la Democracia Cristiana, hoy Partido Popular, ha jugado un papel singular en la construcción del sistema democrático que hoy vivimos. Casa política de respetados y beligerantes panameños y panameñas en el pasado, y con una destacada historia de lucha nacionalista y democrática, este partido, venido lamentablemente a menos en los últimos años, escogió ayer a sus nuevas autoridades con el grito de renovarse o morir. Enhorabuena.
La aún frágil institucionalidad democrática de Panamá requiere de partidos políticos con sólidas bases ideológicas –como siempre lo fue la Democracia Cristiana– y de militantes comprometidos profundamente con el bien común, el respeto del estado de derecho y la institucionalidad. La agenda de trabajo propuesta por su nuevo presidente hace alusión a la necesidad de dejar atrás la precariedad que nos caracteriza como sociedad, para lograr el bienestar de las mayorías. No es poco cosa; pero tampoco menos que eso se merece Panamá.
