La ruptura del orden democrático no tiene justificación de ninguna clase. De allí que lo sucedido al presidente Zelaya haya sido rechazado unánimemente. No obstante esto, el respeto de los golpistas por las elecciones realizadas y su decisión de restaurar el régimen democrático mediante la asunción al poder de Porfirio Lobo –ganador de las elecciones– constituye una decisión que debe ser respaldada por el resto de los países democráticos.
De forma atípica, los usurpadores del poder han dado solución a la crisis política por ellos mismos causada. Han respetado la decisión mayoritaria. Por ello, la posición del presidente Zelaya de exigir su restitución con anulación de las elecciones, además de inconveniente es una posición desconocedora de la realidad política de su país.
El pueblo habló y es a Lobo a quien le tocará reconstruir y fortalecer las instituciones democráticas hondureñas. Zelaya y los países que lo apoyan deben entender esto. Lo contrario sería desconocer la democracia para favorecer deseos personales injustificados. Bien hizo el Gobierno panameño en endosar favorablemente la vuelta a la democracia mediante el inicio del mandato del presidente electo, Porfirio Lobo.
