La esencia y el carácter de las personas suelen conocerse en la coherencia y consistencia de sus actos. Por eso, las actuaciones deben ser reflejo directo de las decisiones. Lo contrario evidencia lo mal que puede andar quien no atiende a la coherencia antes mencionada. El alcalde capitalino, una vez fue notificado de la decisión de acusación dictada por el Ministerio Público, se apuró a decir que asistiría a la cita a fin de aprovechar la oportunidad para presentar todas las pruebas que lo exoneraban de los cargos que se le endilgan. Sus actos han sido diferentes de lo dicho. Ha evitado en dos ocasiones, con maniobras, rendir su declaración indagatoria ante la autoridad que lo requiere.
Resulta clara la inconsistencia e incoherencia en el actuar del alcalde Vallarino frente al rendimiento de cuentas que le pide la justicia por sus actos. Si no está en el señor Vallarino cumplir llanamente con la cita pendiente en el Ministerio Público, no da mucha esperanza de que en su ánimo esté cumplir con las leyes. La ley se observa tanto en lo máximo como en lo mínimo. Por ende, mal augurio nos da el alcalde con su conducta como imputado.
