Las millonarias contrataciones que hace el Estado son caldo de cultivo para la corrupción. La modalidad ni es nueva ni es única de Panamá. La brasileña y muy competitiva Noberto Odebrecth parece gozar del aprecio de la actual administración, luego que el gobierno de Torrijos le abriera las puertas del Estado. Con esta nueva contratación directa con que el gobierno de Martinelli le favorece, la aprensión es obvia porque ni las urgencias logran aplacar conductas pasadas –para nada claras– entre la constructora, sus obras, sus silencios, y los gobiernos de turno.
La verborrea del ex ministro Colamarco es incapaz de controlar la opacidad con la fue manejada la cinta costera, obra emblemática de Odebrecht. Ni hablar de los escandalosos sobreprecios de la autopista a Colón, que aún nadie ha tenido la entereza de explicar en detalle. Con el habitual desprecio por los contribuyentes, la brasileña reemplaza a las mexicanas de años atrás, y nos quedará hurgar para encontrar si fueron reales los costos, o si dentro de estos venían incluidos los acostumbrados “favores” que detectan algunos olfatos, y que terminan confirmando que había algo podrido.
