El presidente del Parlamento Centroamericano ha venido a decirnos que Panamá no puede salirse del organismo. A nosotros, los panameños, ha venido el parlamentario nicaragüense a hacernos creer que nuestra soberanía quedó anclada a perpetuidad con semejante organismo.
A equivocada audiencia le habla el distinguido visitante, ya que si algo sabemos los panameños es defender nuestros derechos soberanos y la denuncia de tratados injustos o inconvenientes al amparo del derecho internacional.
Pocas decisiones tan acertadas –y tan dilatadas– ha tomado el Gobierno Nacional, como salirse de una organización inoperante, inocua y costosa que, para colmo de males, ha servido de refugio a la vagabundería de los emblemáticos corruptos de nuestro país. Y que no nos vengan ahora con el cuento de la “integración centroamericana” que (además de las tantas reservas que genera) no tiene posibilidades de existir sin que Costa Rica forme parte, nación que acertadamente jamás firmó.
