Una democracia que carezca de partidos fuertes de oposición va mal encaminada. Es una calamidad lo que está aconteciendo con el PRD. En vez de renovar una dirigencia desacreditada, ha vuelto a poner al timón a los mismos serviles del poder que la hundieron. Tras el anuncio de graves denuncias sobre lavado de dinero contra funcionarios de este gobierno, terminan presentando una bazofia.
A los nuevos líderes del PRD les parecen un escándalo las transacciones hechas por un individuo que en Costa Rica mantenía una cuenta en un banco que fue luego adquirido por Banistmo, pero defienden el oportunismo de sus ex presidentes de llenarse los bolsillos con fondos públicos, gracias a trasnochadas concesiones, o que haya duras pruebas contra contrataciones directas hechas por sus ex ministros.
La actual dirigencia es incapaz de desligarse del pasado al cual sirvieron, menos aún de distanciarse de los homicidios y de la aterradora succionadora de bienes públicos que nos gobernó. Les corresponde a las bases del PRD decidir si su respaldo será por más de lo mismo o renovarse como una fuerza que en democracia vele por el buen gobierno y la integridad pública.