Una de las lecciones que nos legó la dictadura militar y su complicidad civil, fue lo nefasto que resulta la manipulación de las instituciones democráticas. Mientras duró, la justicia fue una de las instituciones más abusadas. Esta afirmación no es caprichosa, tampoco es el resultado de una posición interesada.
Las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos han reconocido que durante la dictadura militar, el acceso a la justicia era inexistente. Hoy, en el panorama se atisba un punto de inflexión. La muestra es la correcta aplicación de la ley a un miembro de esa clase militar que tanto luto, dolor y daño hizo al país.
Daniel Delgado, en el goce de todos los derechos al debido proceso que le otorga el estado de derecho, debe enfrentar un juicio por un crimen hasta ahora impune ocurrido durante la dictadura, a la que sirvió hasta su derrumbe. La Procuraduría General de la Nación, con su actuación, ha reivindicado el importante papel de la justicia para un país como el nuestro. La impunidad parece ceder ante la fortaleza de la verdad.
