La pasada administración tuvo una iniciativa que habría prevenido una enfermedad mortal: el cáncer cérvico uterino, responsable de innumerables muertes entre las mujeres. Para ello, el Ministerio de Salud invirtió 6.6 millones de dólares en la compra de la vacuna para inmunizar a 31 mil niñas panameñas.
La respuesta al programa de vacunación ha sido magra, pues solo una fracción de las 31 mil niñas que debieron vacunarse lo ha hecho. Si bien el Gobierno debió hacer una campaña masiva para el proyecto de inmunización, lo lamentable es que muchos padres de familia hayan interrumpido el ciclo, que consiste en tres dosis.
En otras palabras, del total de jovencitas que recibieron la primera dosis, la mayoría no ha recibido la segunda y mucho menos la tercera dosis. Esto es una irresponsabilidad imperdonable, pues, aparte de una inversión millonaria que puede perderse, la displicencia de los padres ha puesto en peligro a su propia progenie al negarle la posibilidad de enfrentar la enfermedad sin riesgo. No es así como se demuestra el amor por nuestros hijos.
