La institucionalidad del Órgano Judicial ha resultado víctima del ultraje perpetrado por la actuación de una jueza suplente. Esta funcionaria decidió intervenir en un caso en el que su esposo es un abogado miembro de la firma que representa los intereses del beneficiario de su fallo, quien es además suegro de uno de los socios de esta firma.
Es así como se aventura –sin revelar su condición de esposa de una de las partes interesadas en este caso– a decidir a favor de Ernesto Pérez Balladares. Si el fallo es justo, el hecho de haber ocultado su afinidad con una de las partes lo pone en serias dudas. Su actuación –además de ser sospechosamente expedita– atenta contra elementales principios de transparencia, y con ello socava la credibilidad de su propio fallo y, lo que es peor, fundamenta la percepción generalizada de que la justicia en Panamá es un chiste de pésimo gusto. Flaco favor le ha hecho al cliente de su esposo.
