El alcalde de la ciudad capital –en un extravagante intento de originalidad– ha propuesto convertir la cinta costera en una “villa navideña” cuando más se necesitarán sus vías. La justificación del funcionario no puede ser más absurda: pretende romper dos récord Guinness: construir la villa navideña más grande del mundo y que 15 mil personas canten al unísono Noche de Paz. Seguramente habrá olvidado que puede hacer cenizas un tercer récord: el embotellamiento vehicular que causará su trasnochada fantasía.
La Noche de Paz que quiere que 15 mil panameños canten, será antecedida por días de tranques infernales, por lo que es poco probable que esas personas tengan ganas de cantar, y mucho menos sobre paz. Nuestro alcalde debe empezar a ser más comedido en sus declaraciones, porque está claro que no calcula las consecuencias de lo que habla o propone. Su papel como alcalde es velar por el confort de sus ciudadanos, no estar rompiendo marcas Guinness.
Poco, por no decir nada, hemos visto en su administración que nos haga pensar que está cumpliendo sus promesas. Por el contrario, su gestión no ha sido menos que estrafalaria.
