La esperanza de un cambio en el estilo y costumbre de hacer política en nuestro país, ha sido herida seriamente. La decepción viene comprendida en la designación de Gioconda de Bianchini como nueva contralora general de la República. Nadie duda de su capacidad, pero resulta un hito negativo que quien ocupe dicho cargo sea, al momento de su postulación, una subalterna del Presidente. Con esta designación se produce la siguiente paradoja: la Contralora debe ahora fiscalizar a su jefe.
Además, la circunstancia de que en el cuerpo consular haya sido designado uno de sus hijos, indica que la nueva Contralora carecerá de independencia. Y en lo que corresponde a la Asamblea Nacional, esta ha reiterado su decisión de no cambiar, de mantener una conducta abyecta frente al Ejecutivo. Este actuar de los órganos del Estado deja ver que la designación de los nuevos magistrados a la Corte Suprema de Justicia se hará bajo la misma tónica. Nada ha cambiado en Panamá.
