Son tan graves las alertas, que es incomprensible que las naciones de todo el mundo no hayan tomado conciencia de que este planeta afronta la peor crisis climática de los últimos siglos. Irónicamente, una de sus víctimas es, precisamente, la que puede hacer algo al respecto: nosotros. Pero en vez de ello, algunos –entre ellos los países más contaminantes– han decidido no hacer nada.
Tal indiferencia es intolerable, porque si bien es una decisión soberana de cada nación, sus consecuencias trascienden fronteras. Por ejemplo, si Brasil decidiera conservar todos sus bosques, sería un avance, pero de qué serviría si países como Estados Unidos –que se opone a reducir la emisión de gases contaminantes– siguen aumentando el efecto invernadero sobre el planeta. De ahí que todos deban asumir su responsabilidad en la próxima cumbre para decidir sobre el tema, en Copenhague. Ya lo dijo ayer el Primer Ministro británico: si la cita de Copenhague fracasa, “para el planeta no existe un plan B”.
